miércoles, 24 de julio de 2019

MAD COOL (12/07/19)


Iba a ser un viaje relámpago. Salir hacia Madrid un viernes, comer, ir al Mad Cool, dormir y a la mañana siguiente volver para Cádiz. Pero valía la pena; The National, cabeza de cartel para los conciertos del viernes pero gran desconocido para gran parte del público, tocaba en España, lo cual no es habitual. Mi amigo Dani me había dado un toque un par de meses atrás con la propuesta y acepté sin dudar (que el segundo plato fuerte fuera Smashing Pumpkins también ayudó a la rápida decisión). Eramos tres, y el más entusiasta de todos tenia 13 años, pero ya le sacaba algún centímetro de más a su padre, a quien le metió en el cuerpo el gusanillo por el grupo de Ohio (no confundir con Los Gallos, Chiclana). Cosas raras como esa, pequeños milagros, que siguen pasando. Y Dani me pasó en su dia unos cds a mi y así se expandió la semilla del grupo liderado por Matt Berninger.

Llegamos a Madrid y después de comer en el siempre recomendable Lamucca, de la calle Prado, con mi hermano, fuimos a Valdebebas, comenzaba el espectaculo. Yo creo que estaríamos como a 37 grados a la sombra, el calor era bochornoso. Algo muy bueno nos tenia que esperar ahí dentro para plantarnos en las instalaciones a las 6 y media de la tarde. Eso, o estábamos rematadamente locos. Fue lo primero, por supuesto. 

El recinto era una pasada, miles de metros cuadrados sobre una base de césped artificial. Pero un cesped de calidad, firme y esponjoso, que soportaba estoicamente las acometidas del dios Helios, casi sin inmutarse. Había stands de todo tipo, cada uno con un gancho publicitario. No recuerdo si eran cinco o seis los escenarios alternativos del festival, pero los dos principales estaban colocados de manera perpendicular el uno al otro, y muy cerca, de modo que no podían simultanearse actuaciones en ambos sin pisarse unos a otros. 

Después de escrutar los más diversos rincones de las instalaciones (no, no nos subimos a la noria ni nos montamos en los coches de choque), y echarle el ojo a alguna de las decenas de casetas y food trucks de las que emanaban los más diversos aromas nos dirigimos al escenario principal, el Mad Cool Stage. Previo a ello, y solo y meramente por seguir las indicaciones médicas y de protección civil acerca de la necesidad de una hidratación continua cuando el mercurio sobrepasa la barrera del 35, nos hicimos con unas cervezacas buenas, que sabian a gloria bendita, y un refresco pal niño. La primera actuación de la tarde en el escenario principal era la de Sharon Van Etten. Menudo descubrimiento el de Sharon (no confundir con Charo, la del puesto de pescado de la plaza). De negro riguroso, pantalón y blusa, el pelo recogido en una coleta y una voz absolutamente hipnótica que hacía que cada sorbo de cerveza se degustara con matices distintos, como los de sus melodias.

La puntualidad en las actuaciones era rigurosa, lo que se agradece. El siguiente plato que nos fue servido, sin movernos apenas del sitio en el que estábamos, era Miles Kane. No conocía a este tipo ni a su banda, y los disfrutamos repitiendo el ritual cervecero en más de una ocasión, y valiéndonos de unas magnificas pantallas gigantes, que flanqueaban ambos escenarios, tanto el Madrid Cool Stage, como el Madrid te Abraza, como se llamaba el que en ese momento daba alaridos ese extraño tipo con gorro de pescador. Dani y Miguel aprovecharon que uno de los gemelos Dessner (The National) pasaba como el que no quería la cosa por ahí para inmortalizar el momento para la eternidad.

A las 10 en punto de la noche apareció el grupo al que todos esperábamos. El directo The National es magnífico. La banda sonaba de muerte y el bueno de Matt se dejaba la piel, casí literalmente, en cada canción. Y digo esto porque fueron varias las ocasiones en las que el lider de la banda bajó del escenario y se mezcló sin pudor entre la muchedumbre que le aclamaba, una de las veces muy cerca de donde nos encontrábamos nosotros, junto al incómodo, todo sea dicho, pasillo central dedicado a que el cableado de luces y sonido no tuviera el más mínimo atisbo de daño, y eso que estaba cubierto. Una hora y treinta y cinco minutos de concierto que se hicieron más que cortos y donde nos presentaron temas de su nuevo disco y nos deleitaron con algunas de sus piezas mas conocidas, como la grandiosa Fake Empire.

Acabado el pase de los de Cincinatti tocaba volver al Madrid te Abraza para digerir el segundo plato fuerte de la noche. Y a la hora pactada aparecieron sobre el escenario Billy Corgan, con sotana (¡que calor, mi madre!) y su banda, rasgando las guitarras de manera sublime y llevando a su fiel audiencia al éxtasis. Con el permiso de los Smashing hicimos un break para cenar algo y poco después volvimos al redil para disfrutar de los mejores momentos del concierto, con guiños a nuestros maravillosos 90 con canciones como Tonight tonight o Today. 

Cuando iba acabando la banda de Chicago nos fuimos colocando en una zona comoda del Mad Cool Stage para ver a Vetusta Morla. No conocía a este grupo madrileño y la verdad es que hicieron un papel muy bueno, un directo magnífico y unas canciones que sonaban de maravilla, cuando no las coreaba el respetable, todo sea dicho.

Eran más de las 2 de la mañana y el benjamin del grupo quería esperar para ver a los australianos Empire of Sun, que cerraban la jornada, pero los carrozas nos impusimos y cogimos un Uber de vuelta a casa. 8 horas de conciertos, cerveza, conversacion, reflexiones intergeneracionales y buenísimos momentos que quedarán en mi retina sin duda alguna, así como la forma en la que piloto y copiloto arreglábamos el mundo de vuelta a casa mientras el pequeño gran Miguel dormía en el asiento trasero y soñaba, seguro, con futuros conciertos cuanto menos tan espectaculares como al que asistió con dos viejos rockeros.