domingo, 22 de enero de 2023

BABYLON

“Babylon” es una muestra más de esa expresión a veces tan manida de “cine dentro del cine”, pero que define a la perfección el contexto de lo que nos vamos a encontrar cuando vamos a ver esta peli, y a mi me sigue pareciendo mágico. 

Nos encontramos en California, en los años 20, los años dorados del cine mudo, y una época donde ya las estrellas del celuloide eran mundialmente conocidas. Esta película muestra una vez más la “magia” del sueño americano, donde un inmigrante mejicano por un lado y una chica sin oficio ni beneficio por otro, surgen de la nada y por cosas del destino van escalando laboral y ¿socialmente? (esto último podría abrir un debate) de manera fulgurante. Y se nos muestra un contexto que, lejos de lo que a veces podríamos pensar, nos acerca a una sociedad desinhibida, con unas ganas de marcha y cachondeo que difícilmente nos podría hacer pensar que nuestros abuelos (versión americana) pudieran estar metidos en semejantes saraos, donde el exceso, el derroche y la perversión eran la norma. Las juergas de “El lobo de Wall Street” quedan en una anécdota al lado de como se lo montaba el personal en lo que sería el Hollywood de la primera mitad del siglo pasado. 

Y ayuda de manera brutal a meternos de lleno en la trama y en esa forma de vivir la vida el montaje de la cinta, ritmazo frenético en ciertos momentos y en su justa cadencia en otros. Porque la película va subiendo y bajando, en cada una de sus fases, y a la par de las necesidades que impone el guión. Como suben y bajan unas estrellas de un arte, que como dice uno de los personajes “no es un arte menor”, que de repente ven como la llegada del sonoro convierte su gloria en la nada. Como si el cine mudo y el cine sonoro fueran cosas distintas, fueran artes distintos... y lo eran, y ciertamente, salvo excepciones, unos no tenían cabida en otros. 

El personaje protagonizado por Brad Pitt da buena cuenta de ello. Margot Robbie, que interpreta a la locuela Nelly Le Roi, está tremenda, interpretativamente hablando, bueno, y de lo otro también, pero lo cierto es que no sobra en ningún momento ni te hartas de ella. Yo no podía evitar recordar al personaje interpretado por Sharon Stone en “Casino” de Scorsese, y vista entera la película me reafirmo en ello, de cabo a rabo. 

Esta peli es un homenaje al séptimo arte, de forma implícita en múltiples referencias, la más clara o llamativa para mi la de “Cinema Paradiso” con la escena en el cine entre lágrimas, pero sobretodo de forma explícita cuando vemos un montaje con películas encadenadas que van desde “La llegada del tren a la estación de La Ciotat” de los hermanos Lumiere hasta la propia Avatar, estrenada en cines hace pocas semanas. Quizas este homenaje para mí sobraba, porque parece un anexo más que una parte, llena de un lógico anacronismo, de la película que estamos viendo. 

De todos modos se nota que Damien Chazelle, el director de la cinta, es un apasionado de su trabajo y del cine en todos sus aspectos. Tres horas y diez minutos de película, que a mi no se me hicieron largos... y seguro que habrá cortado cositas, cuando homenajeas hay veces que todo te parece poco. 

En definitiva, una gran película, muy recomendable, que deja un sabor de boca magnífico al que va a verla, pensando si tal vez ha visto algo que con el tiempo terminará siendo todo un clásico. Yo apuesto por ello. 

Trailer: