sábado, 23 de noviembre de 2019

EL IRLANDES


Hay cosas que no entiendo, tal vez porque no entiendo el negocio, pero esto de que Netflix produzca la última película del gran genio de todos los tiempos, Martin Scorsese, una peli de gangsters además, y que la cinta se estrene en solo 45 salas de toda España, para pasar a la plataforma digital solo 12 dias después de su estreno en cines es algo incomprensible. ¿Realmente han hecho un estudio y van a sacar más beneficio de posibles nuevos abonados con este sistema de lo que ganan por la distribución en cines del filme? Me cuesta creerlo... y me cuesta además, doblemente, después de haber visto la película. ¿Habrá algo más detrás de todo esto?

Como decía, Netflix no nos lo puso fácil y para ver la peli en pantalla grande tuve que irme a más de 100 kilómetros de casa, a Sevilla. Allí me esperaba mi compadre Joaqui, que siendo sevillano de adopción laboral, se encargó de la logística: solo había una sesión, a las 20:30 horas, en un cine de Sevilla Este y en versión original.... Lo de la VOSE fue un pelotazo magnífico, sin duda, el paseito hasta el otro extremo de la ciudad no tanto, pero el que hace 100 kilometros hace 110 y listo.

Fueron tres horas y media de película y disfrutamos de cada minuto de principio a fin. Y es que "El irlandes" es una gran película de gangsters, de esas que formarán a pasar parte del elenco de clásicos del género como "Uno de los nuestros","Scarface", "Erase una vez en Améica", "Los intocables de Elliot Ness", "Casino" y tantas otras (no meto la trilogia de "El Padrino, aunque me apetece, porque la obra maestra de Coppola está por encima del bien y del mal).

"He oído que pintas casas", así empieza la película..."pintar casas", que maravilloso eufemismo. "El irlandés" trata de un tipo duro, El currante Frank Sheeran (De Niro) que se gana la confianza y el respeto de los grandes jefes de la mafia local (NYC) en diversos ámbitos, y que se ocupa de ciertos asuntillos, la mayoría incómodos... pintar casas, claro, que a nadie le gusta... pintar casas ensucia, pero, ¡y lo limpio que queda todo después! Y aunque se recogen algunos tópicos (maravillosos, como ejecuciones en plena calle en un pis pas) se huye de otros como sería el ascenso meteórico del protagonista en la organización. No, el irlandés tiene su sitio, se ocupa de su familia y de su "famiglia", que para eso luchó en la segunda Gran Guerra en Italia; respeta y se hace respetar. No quiero contar más.

Decir que las interpretaciones son sublimes. Pido desde ya un Oscar como un piano para Don Joe Pesci por su papel "secundario" (entrecomillo porque me da la risa calificarlo así, pero bueno) en el inconmensurable papel de Russell Bufalino, alguíen en la zona alta de la cúpula del poder, sin llegar a ser el mandamás. Y cualquiera se preguntará "¿otra vez Pesci haciendo de mafioso?" Pues sí, y bendita la hora. La cinta me ha congraciado de nuevo con esas dos bestias que son De Niro y Pacino, Este último en el papel de Jimmy Hoffa, pues me dejaron ambos un regusto amargo, el primero en "Joker" y el segundo en "Erase una vez en Hollywood". Dos gigantes.

La escenografia, la fotografía, el montaje (como decía, tres horas y media de película y mato al que diga que se hace larga, uno no  quiere que se acabe), la banda sonora... todo, es una maravilla. ¿Obra maestra de Scorsese? Yo no tengo ninguna duda, pero ya sabemos que sobre gustos....

Trailer:



  

sábado, 2 de noviembre de 2019

MIEDO. ALBERT PLA.

Anoche, Dia de Difuntos, acudí al Teatro Falla a ver la última creación de este sui generis y genial artista. No decepcionó.

No sabría definir bien "Miedo", pero diría que se trata de una obra que te lleva a la reflexión, más que un espectáculo puro y duro. Y conste que la puesta en escena es magnífica, con un trabajo previo de edición y montaje de videos superpuestos con la escena que son la base del "show". Y es que siendo un show no lo es. Como digo, Plá, ese aparente niño grande, nos lleva a adentrarnos en los miedos personales, colectivos e individuales, sobretodo estos últimos. Nos cuenta, con su tímido torrente de voz, cómo a él le daba miedo todo de pequeño... pasamos de una habitación oscura donde ese niño se encontraba cómodo con una muñeca (la amante de su padre) a la que quería matar, a un parque donde la hierba es verde, hay un columpio y los pajarillos cantan, lo que a nuestro protagonista le aterra. Miedo al Ratoncito Perez, "una rata que se sube por mi cama para arrancarme los dientes". Curiosa esa concepción del miedo la que tenemos cada uno.

Miedos individuales y miedos colectivos, como digo; miedos, por un lado y sustos, por el otro; miedos escénicos, miedos terrenales y miedos mentales, los más aterradores, sin duda. Y todo esto mezclando oníricas imágenes, voces en off de niñas susurrando y algunas piezas musicales, guitarra eléctrica incluida, que eran una especie de nanas melódicamente deliciosas.

Y en un momento dado se hace la oscuridad y Plá comienza a hacer un conato de terapia de grupo: "¿que es lo que a cada uno de vosotros os da más miedo en este mundo?"... y se hace el silencio... y la terapia, que no lo es tal, se acaba tan pronto como empezó, pero te deja tocado, pensando en tus miedos y sin que nadie te de una solución, pues cada uno es tan dueño de sus miedos como de su voluntad de liberarse de los mismos.

La obra fue corta, una hora y cuarto o poco más. El final fue muy bonito, con un Albert Pla que se despide de todo el auditorio, vestido ya de calle, sonando una pieza en la que dice algo así como "me voy, ahi os quedais, yo ya estoy muerto, ya me voy" (ahi os quedais, cada uno con sus miedos, añadiria yo), y bajando el artista al patio de butacas, despidiéndose del personal con una amplia sonrisa, saliendo el primero del teatro, bajo una atronadora y merecida ovación.

Plá nunca deja indiferente, sin duda, y esta vez dejó a su público con una sonrisa y con la sensación que decía al principio, de la necesidad de reflexionar cada uno sobre el miedo, sobre sus miedos.