lunes, 20 de julio de 2020

SERENDIPIA


"Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual".  Es la primera definición que me encuentro de esta curiosa y preciosa palabra. Y si para unos descubrir un local como el inaugurado por mi gran amiga Ana Collantes el pasado sábado puede ser una maravillosa serendipia, lo cierto es que bien poco hay de casual, afortunado o accidental en este proyecto empresarial, cultural y social.

Estaba ansioso por acudir a la inauguración de este mágico local y tuve la suerte de ser uno de los pocos que, en esta época pandémica en que vivimos, pudo hacerlo. Entrar en Serendipia es hacerlo en un sitio especial, ya solo viendo el rótulo de la entrada se nota. Esa noche nos recibieron dos de las chicas del equipo de Ana, con unos sugerentes corset estilo "Kit Kat Club" años 30, que realzaban la figura de tales bellezas. Me recordó a la primera vez que entré en un Abercrombie & Fitch, en Nueva York, en el helado otoño de 2007, donde pese al frio todos los visitantes eran recibidos en la entrada de la tienda de ropa por dos jóvenes y bellos modelos, él y ella, con poca ropa y de dulce mirada. Una inauguración sin photocall no es una inauguración, en pleno siglo XXI, y aquí no podía ser menos.

Fuimos acompañados a la mesa y tuve la fortuna de aprovecharme de que mi pareja de esa noche era el marido de la dueña del local, así que Grego me dio el pasaporte para disfrutar de la velada en primera línea de batalla, frente al escenario. El personal de sala, con todas las protecciones, se encargaba de atender a las mesas y de que el zumo de cebada no faltase. Un pianista amenizaba la velada, preludio de que algo con muy buen gusto iba a ocurrir sobre esas tablas poco después.

Una vez estuvo todo el mundo en su sitio la luz se atenuó, y empezaron a sonar por los altavoces los compases del “Willkommen”, de la película Cabaret… y ahí apareció la artífice de todo esto, la Liza Minelli de Cadi, para, haciendo de anfitriona junto al fornido Alberto Lozano, saludar a los presentes en varios idiomas y hacer una presentación muy especial: “¿Que la vida es un asco? Bueno, y que importa. ¿Qué hemos pasado una pandemia mundial? ¡Qué mas da! Este lugar es hermoso, aquí todo es divino… ¿Los camareros? Divinos. ¿Las chicas? ¡Son divinas! Hasta la orquesta es divina….” Y en ese momento se sumó al escenario el resto del equipo artístico, encabezado por Alberto Butrón, otro de los artífices de este proyecto, para deleitarnos con una presentación coral de lo más sugerente. Por cierto, el nivel interpretativo de la autodidacta Ana sigue subiendo de manera escandalosa.

La anfitriona nos dedicó unas palabras y quedó inaugurado Serendipia, un 18 de julio, justo 9 años después de la inauguración de Valle de Cuentos, caprichos del destino.


Volvió la luz, en su cálido esplendor, y fueron servidos distintos ágapes, que los presentes devoramos con fruición, todos deliciosos riquísimos, mientras disfrutábamos del arte de la conversación.

Apareció nuevamente Alberto Lozano sobre las tablas para dedicarnos un bonita versión del “That´s life” popularizado por Sinatra. Y bueno, Sinatra es mucho Sinatra, pero la potente y a la vez aterciopelada voz del Sr. Lozano Bernier cautivó a toda la sala.

Se fueron sucediendo distintos números, unos más sensuales y sugerentes, otros más técnicos e incluso divertidos. El showman que es Paquito Collantes aprovechó el micro para explicarnos que no solo estábamos ante un local al que se puede acudir de noche para tomar una copa y disfrutar de los más diversos espectáculos (variedades, jazz, tango argentino, flamenco, carnaval, cantautores, rockeros, etc…) sino que Serendipia es un sitio magnifico para desayunar o merendar, pero sobretodo, que estamos ante una academia de arte. Les contaré un secreto… en mi condición de “consigliere” de la jefa le dije que, para quedarme más tranquilo, tenia que ver el local al completo, no solo la sala de fiestas o el reservado en el que se lo estaba pasando en grande el personal de Valle de Cuentos, sino todo el local. Había que verificar que la normativa se cumplía, ya saben ustedes las ordenanzas municipales y las normas técnicas como son… sí, sí, de eso se trataba, de verificar el cumplimento legal, los abogados somos unos pelmazos a veces… No pudo negarse Ana a tal exigencia por mi parte y pude visitar Serendipia al completo y alucinar con sus dos enormes salas para ballet, yoga, danza contemporánea, bailes latinos, etc… Una academia que pide ya trasiego de gente, alumnos, profesores, bailarines, técnicos, etc… seguro que lo veremos así en muy poco tiempo.

No quiero dejar de hablar de la decoración del local en general, y de la sala de fiestas o café-teatro en particular. Pero, como hago cuando comento alguna película, no les destriparé nada, tendrán que descubrirlo por ustedes mismos, por lo que solo diré que vale mucho la pena acercarse aunque sea solo para estar en un sitio diferente y decorado con un gusto excelente… Y si la música es agradable y hay un espectáculo, como tengo entendido que habrá, todos los fines de semana, pues ya tenemos todos un nuevo sitio en nuestra ciudad al que acudir. Seguro que nadie se arrepentirá.

Yo no lo hice, sin duda. Disfruté de cada momento, entre copas como colofón final y viendo ilusión en los ojos brillantes de Ana y Alberto, de su equipo y de los familiares y amigos que la noche de la inauguración tuvimos el placer y el honor de estar allí.

El show tan solo acaba de empezar.